martes, 11 de mayo de 2010

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No soy de los que usualmente cree en la
parábola de poner la otra mejilla al que
te ha abofeteado. Pero desde que conocí,
más de cerca, la historia de un hombre
que cambió para siempre el significado de
la palabra TOLERANCIA, modifiqué un poco mi
manera de pensar.
Nelson Rolihlahla Mandela, mejor conocido en
su país como MADIBA. Un Gran Hombre, capaz
de dejar de un lado el rencor, la ira, el odio, el
orgullo, por tantos atropellos sufridos durante
su vida, como pasar 27 años en una prisión con
características por debajo del límite humano,
infinidad de veces golpeado, perseguido, ridiculizado
y vejado por parte de los blancos sudafricanos
y del partido nacional sudafricano.
Convertido en un símbolo para los negros sudafricanos
y luego de 27 años, es dejado en libertad
y democráticamente gana las elecciones
presidenciales en Sudáfrica, para responder con
todo el peso de su arma insignia, LA TOLERANCIA.
El ejemplo sudafricano, es perfectamente aplicable
a la realidad sudamericana y venezolana
ya que existe una gran polarización y alienación,
si bien no de color de la piel, si de clases sociales
y esta es la única arma de la que disponemos
para convivir en armonía, ser tolerantes.
Venezuela, en una mezcla de indio, negro y
blanco, de nieve, playa y tepui. Siempre habrán
diferencias en nuestra sociedad tanto de forma
como de fondo, es por eso que es imprescindible
el reconocimiento tanto de nuestros errores
como de las virtudes de nuestros coterráneos.
La principal característica del ser humano, es
vivir en sociedad y si no reconocemos o toleramos
a los demás, estamos solos, simplemente
no somos humanos.

LEONARDO ARTEAGA