Tuve la dicha de pasar recientemente 22 días en Europa, los cuales fluyeron de forma magnífica, visité varias ciudades, grandes y pequeñas con mucha diversidad cultural.
Al comienzo, me invadió una envidia inexplicable al ver como las personas pueden convivir en ese nivel de respeto y con esa calidad de vida, y por supuesto al interactuar con mis compañeros europeos, no faltaron mis quejas sobre Venezuela, comparando cada aspecto de la vida europea -en este caso española- con nuestro día a día venezolano.
Al ver cosas que para ellos son tan sencillas, como que el servicio médico sea gratuito para todos los ciudadanos, que las personas que están desempleadas o “En paro” reciben un salario por parte del estado hasta que encuentren trabajo, salir a caminar en la calle a la hora que sea sin ningún tipo de miedo ni restricciones me hacen sentir muy mal verlas tan lejanas para nuestra sociedad en particular.
En política por ejemplo, tuve la gran oportunidad –Gracias a mis amigos de Unión Progreso y Democracia- de asistir a un pleno de la asamblea nacional y ver, si bien a algunos personajes con los mismos vicios que los de acá, un ejercicio mucho más sano de la democracia que el que tenemos acá.
Y hablando de UPyD, un partido político relativamente nuevo y pequeño en España, me llamó particularmente la atención que sencillamente la existencia de este partido, demuestra el carácter evolutivo de su sociedad, buscando las soluciones a los problemas que actualmente afronta el sistema español, que si desde la óptica venezolana son muy pequeños, ellos han demostrado estar dispuestos a dar la vida por sus ideales y sacrificar su comodidad por estos, siendo la gran mayoría de sus integrantes voluntarios, sin recibir retribución económica alguna, dejando de lado las posibilidades que muchos de ellos tenían en antiguos trabajos por dedicarse a lo que realmente creen, a ellos mis respetos.
Desde muy pequeño, he estado oyendo acá en Venezuela la cultura del “más vivo”, es decir, la sociedad venezolana ha sido en gran parte criada –o por lo menos las 2 últimas generaciones- en torno a esta cultura del “Vivismo”, la cual no es otra cosa que el tratar de sacar el mayor provecho individual ante cualquier situación que se nos presente en la vida sin importar el efecto que esto ocasione en el funcionamiento de la sociedad.
Pasar primero en las intersecciones manejando nuestros vehículos, tratar de colarnos en las líneas de los bancos para pasar primero, tratar de pagar menos en las cuentas cuando salimos con amigos, pegarse a las líneas de electricidad de otro para no pagar la luz, adornar tanto una noticia que deja de ser real, son unas de las conductas típicas del vivo, sin excluir centenares de otras conductas que todos saben a cuales me refiero.
Paralelamente a este estilo de crianza, claro está apoyado por muchos padres, está también esa parte de nuestra cultura que cree que somos mejores que todos los demás, esa actitud crítica ante todas las otras culturas, nacionalidades o razas, estando nosotros por encima de todos y a veces burlándonos por considerarlos “Bobos” , “Locos”, etc.
Es el momento de darnos cuenta de que quienes estamos verdaderamente equivocados somos nosotros, y si bien es cierto que muchas veces logramos con esta actitud de “Vivos” sacarle mejor provecho a situaciones que los demás, a la vez, causamos un daño al sistema y a la sociedad, ya que son provechos que sacamos en desmejora de alguien más. Si pasamos primero en el banco, fue porque al que le tocaba perdió un turno o si pagamos menos en la cuenta, otro terminó pagando de más y terminamos siendo víctimas de esta anomalía social una y otra vez ya que nadie es el más vivo del mundo.
Si bien no se pueden comparar sociedades ni países ya que cada quien es del tamaño de sus necesidades y problemas, si se puede comparar la efectividad de naciones y calidad de vida que estas tienen.
Si ser vivo es vivir en una sociedad como esta, en la que nos da miedo salir a la calle, no confiamos en nadie y la vida no tiene precio, entonces prefiero ser el más grande de los estúpidos.
jueves, 24 de marzo de 2011
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